venerdì, agosto 29, 2014

No habrè de sollozar (8)


No habré de sollozar siquiera.
Hoy abandono esta palidez que me hizo apuntalar precarios latidos con dedos amorosos.
Hoy suelto amarras, abandono las sábanas que me ataron a enfermedades enquistadas en mis desconocidos interiores. Pero de las raíces de que estoy conformada extraigo un coraje que, por momentos, me rebasa.

No salgo de este lugar con nada, sólo con lo que traje en un momento pleno de peligro:
mis manos, mis arrugas, mi cuerpo enfebrecido.
Día a día el agua del baño irá purificándome la mirada,
el perfil rotundo, la frente clara.

Tengo toda una casa por edificar. He de levantarla en las faldas de un cerro, cerca de un ojo de agua, para preservarla de ventarrones inclementes, de tolvaneras que en sus pliegues llevan enfermedades y virus letales. Habré de defenderla con malla ciclónica si es preciso; la preservaré de malas influencias con yerbas que me son afines. Desarrollaré un poder que me fue otorgado en secreto prenatal.

Hoy me despojo de cuanto lastre me hizo daño.
Ya me lo he propuesto, se que llevaré a cabo los proyectos que me daba temor incluso concebir.
Me decapitaré la cabeza por la que un día me creí heredera de Medusa,
así evitaré llevar conmigo la más ligera sombra de espanto,
o vena alguna de muerte. Quiero ser yo misma,
pero distinta a lo que fui en ese pasado tan a la vuelta
de la esquina.

En La noche de Hugo,
de Uriel Martínez.

Nessun commento: