domenica, aprile 07, 2013

PAISAJE MARINO CON TIBURONES Y BAILARINA





Cualquier cosa que pueda decir aquí no será nada más que una historia, historia de amor y humor, “¡todo era amor!” dice el poeta, “no había nada más que amor, amor pasado por agua, a la vainilla, amor al portador, amor a plazos. Amor analizable, analizado. Amor ultramarino”.
Y del ultramar llegó ella a mis costas, a las costas de mi isla desierta. Una noche sin luna el mar la trajo. Así la saqué del agua y la traje a mi casa. Mi amiga y yo pensamos que tal vez había ido al mar a morirse.
Yo, soy, por mi parte, el amor. Algunos me dicen “el bibliotecario”, a mi me gusta decirme escritor, pero en realidad soy el amor. El amor sin condiciones, ése que John y Alice llamaban El supremo. Ni hablar, ella tiene razón cada vez que me dice: “Tú estás más loco que yo”.
Ella llegó y me habla, y me gusta, me gusta mucho. Viene de la gran ciudad, de vivir con un joven y guapo príncipe que ganaba dinero vendiendo drogas y que terminó por abandonarla sin más, llevándoselo todo. Vagó ella por la gran manzana, sin rumbo fijo, hasta que se descubrió en el gran acuario. Frente a sus ojos, en una pecera inmensa, nadaban silenciosos con sus miradas gélidas que nunca parpadean. Ese es su mundo. Así siempre se ha sentido: rodeada por tiburones.
“¿Por qué no me violaste cuando estaba dormida?”
“Los que me quieren violar si no lo logran en los primeros veinte minutos se cansan de mí y me corren en seguida.”
“He cogido con cientos de hombres. Una vez estuve con tres en una noche. Tres tipos corpulentos que se turnaban para cojerme en la parte de atrás de una troca. Creo que esa ha sido la mejor noche de mi vida” Aquí nadie te pedirá hacer lo que no quieres, ser lo que no eres.

        Ya ven, ya estoy enamorado, así, sin causa, sin culpa. Ella es hermosa, es la belleza. No quiero decir salvaje, es demasiado estúpido: belleza salvaje. Pero hay algo de la crueldad e indiferencia de la naturaleza en ella: tan cercana a la tierra, como la muerte, sensual y violenta, herida. Ella es desnuda vida que me insulta, me engaña, que desea hacer nacer en mí el odio y a veces me quiere destruir. Así, ella también es mi contrario. Si yo soy el amor, ella es el miedo (porqué el contrario del amor no es el odio, sino el miedo; el odio es lo único que el miedo deja pasar a través de los umbrales que somos, por eso los confundimos). Ella es, por amor a la vida, un miedo infinito a la muerte.
Ninguna domesticación entonces, ningún nombre propio, ninguna propiedad o apropiación, ningún compromiso: “Si no das nada, no es posible traicionar. Así no hay lugar para la culpa” dice ella (fue un pedo enorme sacarle su nombre, se llama Tracy, y la interpreta Tato Alexander, quien además es responsable por la excelente traición traductora del igualmente excelente texto del Don Nigro).

Paisaje marino con tiburones y bailarina pues: Arena, seis o siete lámparas, un rojo refrigerador y tantos, tantos rojos libros; un espacio dónde todo es más que más: amor, odio, miedo y humor: Juego. Solo el juego libera, por momentos, a estos dos locos de sus locuras, a ella la del terror, a él la del amor. Cuando ella lo ataca con una sonrisa, cuando él la seduce con una payasada, cuando ambos transforman, jugando, el ineludible destino que los marca (porque ella se irá, y eso yo lo sé desde un principio). También en el sueño son libres: ella danza en sueños y en sueños hacen el amor por primera vez.
            Pero espera, ¿dijiste que ella se irá y que tu lo sabes desde un principio? Si, y no podría ser de otra manera. No sería amor incondicional de otra manera. En efecto, para que sea completo, ella tendrá que marcharse, me lo dijo desde un principio: “Te voy a destruir, te voy a hacer sufrir como jamás has sufrido. Y cuando pienses que ya no puedes más, entonces voy a aplastarte hasta que no quede nada de ti” o algo así me dijo. Cuando luego insistió, más adelante, en su incitación al odio yo respondí: “Tomar una decisión, yo decido que eres tú, y eres tú, punto, tu turno”. ¿Qué restará después de su partida?
Bruno Bichir dirige e interpreta a este escritor que no escribe, amante Benjamín. En general parece que busca en su montaje trabajar la ligereza y sencillez, y lo logra espléndidamente, dejando para las pocas pausas y el piano de David Martinez los decensos en lo profundo. Tate falta al detalle y en general la velocidad invita a los actores a perder la vida del juego y de la danza (nada más transparente y plano que un juego que no se está jugando) pero su energía y oficio salvaron la entrega. Quizás no era posible montar de otra manera, no puedo saberlo, pero si sé que la velocidad era, en definitiva, la apuesta más baja. Todavía, sin embargo, salió vencedora.

PAISAJE MARINO CON TIBURONES Y BAILARINA
De Don Nigro
Dirección: Bruno Bichir
Con: Bruno Bichir y Tato Alexander
Foro Shakespeare
Del 18 de enero al 7 de abril 2013-04-07
Viernes 20:00 hrs.
Sábados 19:00 y 21:00 hrs.
Domingos 18:00 hrs.
350$ morlacos (si compran su boleto el jueves, les cuesta la mitad)

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